Los grandes sueños de “Bitola”

Fotografías cedidas por:

Patricio Vega Contreras, Juan Pablo Loo Olivares

¡Buena, “Bitola”!, le gritan en el Paseo Prat de Antofagasta. Con un leve movimiento de cabeza y una sonrisa algo nerviosa, nuestro protagonista asiente y devuelve el saludo, dejando en claro que este llamativo nombre (más bien personaje) ya comienza a ser conocido.

Para conversar con “Bitola” es necesario pedir autorización a Dino Barrera Silva (53 años, antofagastino), un inquieto escultor autodidacta y de exportación, cuyo talento lo llevó a estudiar y perfeccionarse en Europa durante 12 años, todo ello rodeado de sabrosas historias y anécdotas. Sin embargo, como un hijo del norte, sintió la necesidad de volver a sus raíces en la capital regional. Y aquí está, creando.

Este artista es el “padre” de “Bitola”, una mutación humana y artística que le dio vida entre fierros y madera, para ocupar espacios abiertos y públicos de Antofagasta y sus alrededores. Incluso, Dino Barrera habla en tercera persona para describir a este ser que nació con la poesía y que luego fue moldeando con sus manos, tratando de alejarse de su ente primario.

OBRAS

Entusiasta y por esencia un soñador, las obras de este antofagastino se pueden encontrar en los más variados lugares de la región. La mayoría de sus trabajos están diseminados en el desierto y el sector costero, y son financiados de su propio bolsillo, incluido el traslado de grandes estructuras de más de 2 metros de altura a escarpados cerros costeros. El resto está a la venta en su taller y a los diferentes encargos de quienes aprecian su arte, donde destacan sus trabajos que permanecen mirando el cielo en Chacabuco y Baquedano.

Las obras de “Bitola” tienen como sello la creación de seres delgados y con largas piernas, acompañados de un soporte y de elementos como escaleras, corazones o una gaviota, claro está, dependiendo del motivo y dimensiones de la escultura.
Por estos días, y en la intimidad de su taller, piensa en dar forma a dos estructuras gigantes, que sean un símbolo de la región y que destaquen la idiosincrasia del nortino.

¿Cómo nace “Bitola” y por qué se llama así?

’Bitola’ nace de una necesidad, porque en un comienzo era yo y lo descubrí en Europa, ahí empecé a crear este personaje en las calles de Barcelona (España). Respecto al nombre, esto lo creó mi madre, ya que antiguamente había una serie que se llamaba “Las Bitolas”, que eran personajes flacos y largos. Cuando mi mamá iba al cine en calle Sucre, veía mucha gente que era de ascendencia yugoslava, con mujeres muy altas, y como ella era chiquita, decía ‘Ahí llegaron las Bitolas’. Por eso, tras ganar un premio en Francia, ahí nace oficialmente el nombre de ‘Bitola’, en honor a mi madre.

Tu eres autodidacta, ¿cuándo surge la inquietud de crear?

Desde niño siempre fui bueno para dibujar y crear cosillas. De hecho, me hacía los juguetes, los aviones, soldados de cartón… Pero todo esto nació de la necesidad de escribir, porque la poesía fue el punto de partida de todo esto, porque ahí hay historia, algo que contar. Después vino el paso de escribir poesía a crear esculturas, todas con un significado en el hierro. Por eso me gustó mucho cuando alguien me dijo el poeta escultor.

PROYECTOS

¿Cómo financias tus proyectos?

A través de concursos públicos y por interés de particulares. También hago algunas obras que instalo en espacios abiertos y que las realizo “por amor al arte”, es decir, autofinanciado. Justamente, ahora estoy trabajando en varias cosas. Es bonito cuando reconocen tu trabajo y lo conservan, porque también están aquellos que les gusta, pero se lo llevan para sus casas. Ahí el tema no es tan amable.

¿Qué quieres transmitir con tu arte?

Para mí es como una poesía, que en vez de ponerlas en un cuadernito, busco instalar estas obras basadas en ‘Bitola’ -en fierro entre 30 y 50 centímetros, montado en madera- sean accesible para todas las personas… las dejo en espacios comunes para que el arte esté a mano de la gente y de Antofagasta.

¿Por qué te inspira tanto el mar?

Siempre me he sentido atraído por los acantilados de mi ciudad. Cuando me fui a vivir al extranjero, me llamaba la atención que los árboles y plantas terminaran en el mar, y les comentaba que el desierto terminaba en el mar. Entonces, me miraban y decían ‘es que Dino, lo anormal es lo tuyo’. Después me di cuenta que allá era así, que lo verde terminaba en el mar.
Por eso trato de crear el concepto de que ‘Bitola’ se instala en el mar y se va a otro continente… que le salen alas y vuela, que inventa maquinarias para cruzar el mar, es decir, es como una historia. ‘Bitola’ siempre está con una piedra de cobre, y allí construye su casa y tiene un bote colgando para viajar.

¿Cuáles son tus próximos proyectos artísticos?

Tengo dos proyectos que estoy pensando desde hace tiempo. Se trata de un chango con una lanza rodeado de 20 lobos marinos, entre El Trocadero y el Parque Los Pinares. Y otro gran sueño es levantar un monumento de un hombre de 12 metros de altura, también en el sector costero, que sea un referente en la ciudad y un atractivo para la comuna. Estamos buscando diversas formas para concretar estas obras.

Así es el mundo de este entusiasta escultor, siempre dinámico y con la intención de sorprender. Ahora sólo queda esperar si estos dos grandes sueños pueden ser un nuevo símbolo y regalo a su querida Antofagasta.Todo ello, por supuesto, al estilo de “Bitola”.

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