“Quiero ser pintor, le dije un día a mi papá… debo reconocer que después fue un proceso pesado, porque no estaba generando lucas. La idea era hacer cuadros y exponer. Tenía como 23 años, soltero, y por este tema tuve problemas con varias pololas que me dijeron ‘por qué no te dedicas a otra cosa’. Incluso, varios amigos se reían cuando decía que era pintor. Me miraban como un bicho raro”.
Siempre con una amplia sonrisa y el condimento de alguna frase graciosa, Manuel Ossandón Aguirre (52 años, antofagastino) se toma con calma lo que ha sido su trayectoria en el mundo de las telas, paletas y pinceles, sobre todo porque admite que vivir del arte no se puede en Antofagasta, por lo que tuvo mirar más allá de los colores y trazos.
Titulado de diseñador gráfico y discípulo del fallecido Juan Salva, pintar se transformó en una pasión poco rentable, más aún cuando llegan las responsabilidades al tener un hijo. Así, la pintura por varios años quedó relegada a los momentos de inspiración y de tiempo libre, por lo que decidió estudiar Pedagogía. Actualmente es docente de la Escuela “Elmo Funes” de Antofagasta.
Con exposiciones en Antofagasta y Nueva York (2008), ilustraciones de algunos libros de Hernán Rivera Letelier y siempre pensando en algo nuevo, Manolo (como le dicen sus amigos) quiere volver a retomar su pasión de siempre, aunque reconoce que con más calma, con todo más organizado, algo que da la experiencia de los años.
DIBUJOS
¿Cómo nació esta pasión por la pintura?
Bueno, como todo niño me gustaba dibujar, me llamaba mucho la atención la figura humana y le sacaba las fotografías del álbum familiar a mi viejo en Copiapó, porque vivimos ahí un tiempo con mi familia. Ahí las comenzaba a dibujar. En el colegio, uno iba perfeccionando en el ramo de Artes Plásticas, pero lo de pintar viene mucho después y nace desde una necesidad bien personal.
¿Cuándo das el paso decisivo?
Como en 1997, de ahí vienen como tres etapas. Tras egresar de Diseño Gráfico, la intención era exponer y vender mis cuadros, pero esto no se dio como lo tenía pensado. El exponer, llevar tus pinturas y sacarlas, no tenía mucho sentido, sobre todo porque ni te ayudaban a trasladarlas. Paralelamente, en ese tiempo de a poco comencé a vender mis cuadros, pero no lo que esperaba. Me dediqué con todo, pero no fue suficiente.
¿Y entonces?
Tenía dos choques del Universo: mi pasión por la pintura y la realidad de un mundo donde hay que cumplir con ciertas normas y compromisos. Yo no quería eso, y pensé que lo iba a lograr, pero tuve que trabajar en algo formal y pintar cuando pudiera.

¿Cómo definirías tu estilo y cuáles son tus temáticas preferidas?
He recorrido muchas corrientes artísticas. Tengo un estilo bien ecléctico, hay veces que digo para dónde voy, pero ya pasé esa etapa. Ahora no me limito en mis obras, si quiero pinto cuerpos, lo hago; si quiero me voy por el cubismo o paso al expresionismo, o pinto lo que estimo conveniente. Yo no pinto todos los días, a veces pasan meses y no lo hago, pero sí trabajo en muchos dibujos.
COMUNICACIÓN
¿Qué tratas de comunicar a través de tus cuadros?
Mira, se dice que Cerati (Gustavo) primero hacía música y después escribía las letras. Yo hago lo mismo con mis pinturas, tiro una raya y luego otra y ahí comienzo. Siempre trato de dar movimiento a mis pinturas, que lleven mensajes y que las escenas tengan un sentido. ¿Para dónde voy?, siempre me baso en el movimiento. En definitiva, la persona que ve y observa es la que hace el lenguaje de mi cuadro.
¿Cuáles son tus próximos pasos como artista?
Pienso volver a Nueva York para una exposición a mediados de 2027. Y en Antofagasta, para ser sincero, no lo sé, porque debo tener las facilidades para exponer, porque si uno no va a vender, por lo menos que te colaboren para mostrar tus cuadros. Pero eso aún no lo tengo claro.
Mientras pinta nuevos cuadros y desarrolla el espíritu crítico entre sus estudiantes del sector norte de Antofagasta, Manuel Ossandón tiene guardada una carta bajo la manga: está trabajando con un artista para levantar una escultura de 10 metros de alto en algún sector costero de la ciudad (ya está lista la maqueta). La idea es que sea un atractivo turístico y patrimonial de la región, al mejor estilo de la Mano del Desierto.
Ese pretende ser su gran desafío para los próximos años, una obra que quede en la retina de todos los antofagastinos, pero esa es otra historia que contar…