Por: Patricio Vega Contreras
Fotografía: Equipo Ckuri

Siempre está pensando en hacer cosas nuevas. Pintor, actor, bailarín e investigador son algunas de las múltiples facetas de Angel Alvarez Bon (37), un entusiasta antofagastino que deja abierta más de una pregunta a través de sus propuestas.

Con colores fuertes, un video y un potente mensaje de género, Angel presentó recientemente su obra “Nanai” en el Museo Regional de Antofagasta, una apuesta intimista que es un viaje a su niñez y a remediar algunos temas inconclusos, con la diferencia que ahora esta exposición tiene un poder sanador. De ahí su nombre, que en lengua quechua significa remedio.

Aquí, el lápiz labial (como connotación sexual y femenina) y el color rojo son clave para dar significado a esta apuesta artística llena de vivencias relacionadas con el género y que también extrapola a otras creaciones, siempre con la intención de mostrar nuevas miradas de ver nuestro entorno y la diversidad.

¿Y cómo nace “Nanai”?

Es un proceso que viene de hace siete u ocho años. El arte te permite traslucir esas respuestas que quizás están en el inconsciente de uno, de encontrar respuestas y mirar la vida en retrospectiva. Una vez cuando niño me pinté los labios y fue algo traumático para mí por el tipo de reacciones, y cuando ya era grande ese acto ya tenía otra connotación, especialmente en lo que se refiere al color rojo en sí. Con los años, se puede decir que este color fue cambiando, asociado a la renovación y la fertilidad.

¿Y cuáles son los fundamentos de tu propuesta artística?

Soy ecléctico en este sentido, tampoco me cierro en una sola cosa, voy mezclando aquello que no tiene mucho que ver entre sí. Voy experimentando en otros rollos, jugando, por decirlo de alguna manera. Qué fome sería hacer siempre lo mismo.

OTRA REALIDAD

¿Cómo analizas tu mirada artística?

Hace un tiempo presenté un trabajo de cómo vemos el concepto de belleza, visto éste desde mi visión marginal desde la que vengo. Nunca me comí el concepto de bellas artes, porque vengo de otra realidad donde no existe eso. Así empiezan muchas reflexiones y empiezo a captar lo de las zonas periféricas.

¿Cuál es tu público objetivo?

Las generaciones más nuevas la tienen clara en ciertos aspectos, pero depende de las temáticas. Los adultos son más cerrados e imponen su visión… Mi trabajo es un llamado, es un mensaje que no hay que temer sobre el género, ya que el adultocentrismo impone ciertas visiones y puede generar traumas. Algo así como si eres “cola” te irás al infierno, cosa que no es así.

¿Te marcó mucho la discriminación?

No creo haber sufrido tanta discriminación como otras personas, pero claro que la sufrí, eso es innegable. Y “Nanai”, claramente, es un acto reivindicatorio.

¿En qué consisten tus nuevos proyectos?

Estoy trabajando en la población Juan Pablo Segundo, con un fondo de creación. Volví a mis orígenes, de ahí sale todo este imaginario. El proyecto “Retratos de una habitar” se trata de conversar con mujeres, saber sus problemas, tomar té con ellas, conocerlas y mirar sus vidas. Es un trabajo de sacar lo bonito de la población a través de una serie de obras, ya sea para exponer en las juntas de vecinos, escuelas o en las propias casas de los vecinos.

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