El lente mágico de Patricio Oses

Fotografías cedidas por:

Patricio Oses

Nació en Calama y creció aprendiendo a mirar el desierto más allá de lo evidente. Entre la aridez y el viento del altiplano, entendió que el desierto no es un lugar de paso, sino de contemplación. Patricio Oses es fotógrafo y guía turístico, pero sobre todo, un observador del tiempo, alguien que recorre y registra el territorio con la urgencia silenciosa de quien sabe que algunas de esas imágenes, podrían ser las últimas.

Nacer en Calama es crecer entre desierto, historia minera y culturas ancestrales. ¿Cuál fue la primera imagen que marcó tu forma de mirar el territorio?

Mi conexión con la fotografía comenzó en el colegio, cuando tomé mi primer taller, pero desde mucho antes ya tenía la inquietud de capturar el desierto desde otra mirada. Siempre sentí la necesidad de mostrar que no es un lugar vacío, como muchas veces se cree, sino un espacio lleno de vida y significado.

La imagen que más me marcó fue la de un zorro, con medio rostro en cuadro, atento y en movimiento. Para mí, ese zorro representa lo que somos quienes vivimos en el desierto: resilientes, adaptándonos a condiciones extremas y encontrando la forma de seguir adelante.

Después de una década de trabajo, ¿qué has descubierto sobre este territorio que antes no veías?

He encontrado lugares únicos y con un gran potencial turístico, pero lamentablemente muchas veces ese valor se ve opacado por la presencia de basura en el entorno. Eso hace difícil retratarlos desde la forma en que merecen. Por eso, gran parte de mi trabajo e inspiración se traslada hacia el altiplano y la cordillera, hacia las zonas más altas. Ahí es donde encuentro paisajes más intactos, donde la naturaleza se expresa con mayor fuerza y es lo que realmente logra captar mi atención.

PAISAJES

¿Cómo puede la fotografía transformar la manera en que visitantes -y los propios habitantes- comprenden el valor de este territorio?

Las personas llegan a la Región de Antofagasta principalmente por los paisajes, la historia y la cultura. Por eso, integrar el turismo con la fotografía fue algo muy natural. En cada experiencia que realizo, no solo guío recorridos, también registro esos momentos para que se lleven un recuerdo real de lo que vivieron. Además, trabajo con fotógrafos que durante años han querido conocer el desierto de Atacama o Bolivia. Mi rol es guiarlos hacia los lugares más adecuados, pero también acompañarlos en la lectura del territorio: explicar lo que están viendo, para que no sólo capturen una imagen, sino que entiendan y conecten con lo que están retratando.

Si tus fotografías fueran parte de un archivo para las generaciones futuras, ¿qué historias o paisajes sientes la responsabilidad de registrar?

A través de la fotografía se pueden crear registros que después las generaciones futuras pueden contemplar de cómo era algo que quizás podría desaparecer. Por ejemplo, en el sector alto andino, los salares lamentablemente ya están en riesgo: se viene la industria minera del litio y eso va a comenzar a causar un grave impacto medioambiental. Los que más van a sufrir las consecuencias son los animales, sobre todo los flamencos, cuyo ecosistema principal son las aguas de los salares. Por eso retratar todo eso ahora es muy importante. Si en un futuro la minería ya está desencadenada y se destruye el medio ambiente, al menos va a quedar un registro para las futuras generaciones de todo lo que tuvimos y que lamentablemente se perdió a causa del extractivismo.

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