Oficio, memoria y emociones en un click

Fotografías cedidas por:

Patricio Báez

De su padre, un fotógrafo aficionado, Patricio Báez Muñoz atesoró en su infancia una inquietud y fascinación por el mundo de la fotografía análoga. El cuarto oscuro, con los secretos del revelado en blanco negro en su laboratorio en la casa, quedaron grabados en su mente.

“Era un taller humilde. Había una luz roja, yo entraba de curioso y ahí veía la bandeja y cómo revelaba; cómo aparecía la foto. En mi hogar siempre hubo cámaras y las alcancé a usar como en la década de los 80 y los 90 como cualquier persona: compraba rollos y sacaba fotografías”, recuerda.

¿Cuáles fueron tus primeras inspiraciones?

Era libre, como ahora alguien con su teléfono celular registra sus celebraciones, paseos y viajes. Más tarde estudié Diseño y tuve un ramo de fotografía análoga…comencé a revelar, pero nunca me puse a estudiar leyes de composición ni la técnica, porque en el fondo la fotografía es más técnica que una virtud o un don. No es talento, es conocimiento de composición, más que nada.

¿Qué significó para ti la llegada de la era digital?

Tuve mi primera máquina tipo ‘turista’, y descubrí que podía sacar fotos, equivocarme y volver a tomarlas, entonces empecé a jugar con eso. Me compré después otra sin modo manual, que me obligó a exigirme, a encontrar o buscar más cosas.

Con los años, vendrían otros equipos y la experimentación. Su trabajo en la minería, como soldador calificado, lo mantenía en la Región de Coquimbo, donde estudió más el arte y comenzó a registrar festivales, calles y diversos momentos, pero con timidez. “Me daba vergüenza sacar la cámara, disparar afuera, pero fue como un ejercicio y empecé a fotografiar paisajes del Valle de Choapa”, cuenta Báez.

MOMENTO CLAVE

Motivos familiares marcaron en 2019 su retorno a Antofagasta. Y llegó el estallido social.

“Ahí tomé una decisión…Me dije: salgo o no salgo a cubrir lo que está pasando, para documentar todo. Era también como un ejercicio de graduación dentro de mi proceso. Y me atreví…el primer día fui ‘La Cachimba’, porque vivía cerca, y me topé con el fotógrafo Glenn Arcos”.

Y vino su icónica imagen…

Esa foto lo cambió todo. Cambió un poco mi historia desde la fotografía y conocer a Glenn, llegar a su centro cultural y compartir con mucha gente, otros fotógrafos, me mostró otro mundo, otro tipo de fotografía.

¿Te abrió el mundo a la fotografía y del arte en general?

Exactamente, al teatro también. No sé por qué, pero tengo como un fetiche: me encanta y tengo una atracción especial por el teatro y más desde la fotografía, porque son representaciones, hay momentos, hay luz, hay tensión, caracterizaciones y de todo. Y esos momentos son interesantes captarlos desde la fotografía.

¿Qué buscas transmitir cuándo registras las puestas en escena?

Todo fotógrafo busca un estilo propio, el por qué o cómo y qué captar. Es como una búsqueda incesante y yo tomé la decisión de fotografiar desde la emoción, sea positiva, negativa…sea la que sea. Y en el teatro se da mucho eso, la expresión. Si ves la foto, no hay nombre, no hay historia, no hay nada, es casi la imagen sola.

Que hable la imagen…

La imagen está primero que todo, antes de cualquier explicación, de cualquier título, de cualquier nombre. Y eso es lo que me atrae y también ser un poco cómplice de los procesos de los artistas. Es bonito, porque algunos actores y actrices me han dicho que cuando yo aparezco a hacer fotos en una obra, se ponen contentos, porque dicen que algo bueno va a salir de ahí.
Patricio, para quien la fotografía es memoria, patrimonio e identidad, ha sido reconocido a nivel internacional. Obtuvo el primer lugar en un concurso de la Universidad Internacional de Arte y Diseño de Miami. “Fue un gran estímulo, más allá del premio. El otro reconocimiento fue por la fotografía de Glenn, que es la clásica en que sale entre las llamas. Pese a que no gané el concurso en Rusia, fue seleccionada entre las mejores y quedó en un libro”, relata.

¿Sientes que ha ido evolucionando tu arte?

Sí, plenamente. No me cierro a ningún estilo ni tipo de fotografía. Me gusta esa libertad de hacer lo que yo quiera, sin estereotipos. Al principio uno busca a qué sacarle foto y ahora, ese training hace que uno sea capaz de visualizar en cualquier cosa, en cualquier momento, luz, acción, emoción. Pero también tener esa facilidad de poder reconocer, encuadrar, moverse y tomar decisiones, anticiparse, se logra en la práctica, saliendo a la calle, disparando y perdiendo la vergüenza.

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