“Relicarios”, Más allá de lo evidente

Fotografías cedidas por:

Bárbara Hernández

La fotógrafa Bárbara Hernández no observa el norte como una postal estática, sino como un organismo que resiste. Ha transitado desde el anonimato de su proyecto “Caos en la Ciudad” hasta ser una voz relevante del paste-up en Antofagasta. Su obra no busca la complacencia, sino la resignificación de lo cotidiano.

En su muestra “Relicarios”, Hernández rescata la esencia de las periferias. A través de trípticos que mezclan imagen y texto, documenta desde cúpulas patrimoniales hasta “rucos” improvisados, construyendo un archivo de esos rincones que la ciudad intenta esconder.

Bárbara nos invita a levantar la vista, a ver más allá de lo evidente y a valorar las pequeñas cosas que nos rodean. A través de su lente, lo ordinario recupera su carácter extraordinario, recordándonos que en el desgaste y en el detalle cotidiano reside la verdadera identidad de nuestro territorio.

¿Cómo te definirías ante quienes no conocen tu trabajo?

Mi nombre es Bárbara Hernández, tengo 28 años y soy nacida y criada aquí en el norte. Estudié relaciones públicas, siempre he tenido un acercamiento diferente de mirar la ciudad con otros ojos y de habitar este lugar desde lo antiguo, desde estos espacios patrimoniales. Me empecé a dedicar al arte y armé un proyecto que fue “Caos en la ciudad”. Comencé desde la privacidad de mi casa, bajo un anonimato, y ya después decidí salir de ahí, aventurarme en la fotografía, la instalación artística y la pegatina en la calle.

Tu técnica principal es el paste-up. ¿Cómo es ese proceso creativo?

Mi área principal es el pegado de imágenes en paredes. Salgo a recorrer la ciudad y voy recogiendo frases que encuentro en paredes, en baños o en la micro. De ahí voy armando cómo esta frase podría combinar con esta foto y la voy mezclando como una especie de un collage digital. La idea es intervenir el espacio público, apropiarse, pero también llevar al transeúnte a una reflexión. No es imponer una verdad, sino que la persona lo tome a su libre interpretación.

¿Qué buscas transmitir en tus trabajos?

Siempre el paisaje se piensa en esta hegemonía de que tiene que ser todo muy limpio y verde, pero en mi realidad habitual yo no siempre veo eso. ¿Por qué siempre la fotografía vendemos esto como si fuera una postal? Quiero mostrar la realidad que habito y que me gusta porque me trae recuerdos de infancia. Nace desde la necesidad de leer el territorio como una posición política, como un campo donde se cruzan desigualdades y diferentes formas de control.

En tus recorridos, ¿qué detalles te han impactado más?

Me gusta harto detenerme a observar el detalle. Hay una foto de un ruco, estas casitas improvisadas, y me llamaba mucho la atención que la mayoría tiene una bandera chilena. Estas personas socialmente siempre son invisibilizadas, pero me llama la atención lo mucho que ellos siguen queriendo ser parte. Es lo internalizado que tienen de querer ser parte de algo, a pesar de que son rechazados socialmente.

¿Qué piezas componen tu última exposición “Relicarios”?

Es una obra que se compone de trípticos. Hay unos que hablan sobre el territorio sacrificado; vemos un tanque de agua oxidado, las marcas del camino a La Negra y la cúpula del edificio de Bomberos. Hay otra de violencia estructural donde sale un cartel que dice “no se puede construir”, pero atrás hay una casa improvisada. Puse este nombre porque siento que esta obra guarda tantos fragmentos que es un contenedor de toda la historia de Antofagasta.

¿Sientes que tu obra rescata un patrimonio que suele ignorarse?

Lo mío es rescatar la historia de lo barrial, de lo popular, de lo cotidiano. Yo siempre digo que lo ordinario también tiene su belleza. A veces nos olvidamos que en las cosas cotidianas hay una belleza porque eso refleja que alguien estuvo ahí. Las cosas se desgastan por un uso porque tienen una historia detrás. En la animita de Juanita Guajardo dejé un QR que los lleva a un sitio web donde está todo el archivo completo con la recopilación de los diarios.

¿Qué buscas generar en quien visita tu exposición?

Lo que más busco no es que ellos me entiendan, sino que puedan generar una posición frente a lo que ven y desde ahí una crítica. Es necesaria la discusión y la incomodidad; finalmente nos sirven para poder ir creciendo e ir mejorando. Por eso aparecen tantas fotos que no son hegemónicamente tan bonitas.

¿Es difícil mostrar arte siendo mujer en el norte de Chile?

Sí. El espacio es difícil porque en el norte no hay mucha potencia. Acá hay demasiados pocos lugares, entonces es como disputar un espacio y estar todo el rato tratando de lograr llegar a ese lugar. Es difícil más aún siendo mujer; siento que de por sí naturalmente ser mujer ya es muy difícil en la sociedad, pero cuando uno se quiere dedicar a las artes igual es más difícil porque indirectamente si eres hombre se valida más el trabajo, pero si soy mujer se cuestiona un poco más lo que hago.

Finalmente, ¿cuál es tu mensaje para los jóvenes sobre la conexión con el entorno?

Les pregunto ¿cuántas veces miran hacia el cielo? La mayoría me decía que casi nunca lo hacía. Deben hacer ese ejercicio de mirar hacia arriba, no podemos estar siempre mirando lineal hacia abajo. Hay cosas que están sucediendo a nuestro alrededor y no nos damos cuenta. Comprendo la agilidad de la vida, pero es necesario tener ese espacio de reflexión. El ocio en la actualidad es un privilegio, pero es importante darnos un tiempo para pensar.

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