Nació en Antofagasta, pero se define como un mejillonino más. A lo largo de su trayectoria profesional, Wilfredo Santoro (Consejero Regional de Cultura) cultivó su pasión por la escritura, un interés que lo llevó a trabajar como reportero en diferentes medios de comunicación. Este contacto directo con la realidad local lo acercó a los temas que luego definirían su obra, convirtiéndose en un incansable investigador de las raíces de esta comuna.
Su trabajo lo ha llevado a explorar la historia menos conocida de Mejillones, particularmente la de la industria del guano, un tema que aborda en sus libros. Para Santoro, el legado que busca es de relevancia nacional, ya que sostiene que esta historia es la base del Chile moderno.
¿Cómo cree que su trabajo ayuda a visibilizar la identidad de Mejillones?
Mi objetivo no es proyectar una imagen nueva de Mejillones, sino recuperar una historia fabulosa, de la cual quedan indicios y que no ha sido valorada. Nosotros pensamos que esta historia tiene una trascendencia nacional. Creemos que Mejillones es la cuna del Chile moderno. El Chile antiguo era un país con una economía agrícola que llegaba hasta Talca, pero el Chile actual, con una economía minera, se construye precisamente cuando integra el desierto de Atacama. Esa parte de nuestra historia no está contenida en los textos, no tiene héroes, ni fechas, ni monumentos. El objetivo de mi trabajo es hacer un acto de justicia histórica.
IDENTIDAD
Como Consejero de Patrimonio, ¿cuáles son sus objetivos a corto plazo para potenciar esta identidad de la que habla?
El Consejo de Patrimonio es una organización cultural comunitaria. Hemos conseguido financiamiento a través de concursos para realizar nuestro trabajo. Ahora mismo, nuestro objetivo es lograr que las huellas de las guaneras sean declaradas monumento nacional. Hace siete años formulamos una solicitud ante el Consejo de Monumentos Nacionales, pero ha sido un proceso largo. Considero que la defensa de los intereses personales es el principal obstáculo para este tipo de iniciativas.
Ha investigado profundamente la figura de Juan López, ¿cómo ve a este personaje y qué cree que le aportó a la región?
Para mí, Juan López es un extraterrestre. Una persona que no es igual a nosotros porque no se sabe dónde nació ni dónde murió. Descubrió el guano, le dio valor al desierto de Atacama, se dice que fue él quien le indicó a José Santos Ossa dónde estaba el salitre. Y en el libro que se le atribuye, escribió que el futuro de la zona no era el guano, sino el cobre. Fue un personaje visionario, con un sentido del humor extraordinario. Fue una lucha ingrata para él, como lo es para nosotros en la cultura, pero era un visionario.
¿Ha tenido algún descubrimiento que destaque sobre los otros?
A nosotros en la escuela nos enseñaron que Chile en la batalla de Angamos no había tenido ninguna baja. Pensamos que por un tema geopolítico la victoria tenía que ser perfecta, pero un niño murió al día siguiente, y no se integró como baja. La Armada de Chile siempre ha tenido esta información y se la ha entregado a quienes se acercan a ella. El documento de la Armada señala que el grumete Domingo Johnson Rodríguez, con tan solo 14 años, murió en el Combate de Angamos. Incluso, en su honor, la Armada le colocó el nombre de “Grumete Johnson” a una patrullera que estuvo en servicio desde 1995 hasta el 2005.
¿Cuál es su principal motivación para seguir trabajando por el patrimonio, a pesar de los obstáculos?
Los visionarios. Me fascina la historia de gente como Juan López o André Bresson, quien dijo que no hay bahía más hermosa que la de Mejillones. A través de mi trabajo, quiero proyectar esa historia de la guanera. Estoy convencido de que la literatura sobre la guanera será en un futuro tan fuerte como la de la salitrera.
¿Cuál sería su mensaje final para las nuevas generaciones?
Que no dejen de leer. Es fundamental. A pesar de que la información audiovisual es de fácil acceso, la lectura es la única forma de acceder al conocimiento profundo. Leer te obliga a procesar la información, a reconstruir, a pensar. Si las personas no leen, las cosas se van perdiendo. El audiovisual es muy inteligente, pero difícilmente será genial, porque el leer te obliga a procesar, a imaginar y a crear. Esa es la ventaja.