Con imágenes y textos poéticos se cuenta la historia de Evaristo Montt, Juana Guajardo y Elvira Guillén, vecinos que con su muerte repentina y violenta nos ponen hoy en contacto con la divinidad, espantando así la mala muerte con rituales y ofrendas para la buena vida.
El luto, el dolor, el miedo, la misericordia, la piedad se hacen presente en este sitio de conmemoración y culto que pone de manifiesto la creencia de un pueblo en el más allá.
En este texto* relatamos la historia de estas ánimas que se resignifican ante la devoción y el diálogo entre la vida y la muerte, una historia que nos habla también de la esperanza, los pagos de manda, del gesto con el que depositan la ofrenda y también con el que llaman al silencio y a la fe distintas generaciones.
- Gracias por el favor concedido.
Las Animitas de Evaristo Montt, Elvira Guillén y Juana Guajardo
Ivonne Valenzuela Vergara
Juan Pablo Loo Olivares

Ya no es lo mismo
Los niños de entonces que acompañaban al paseo de la animita
Con un puñado de dulces en una mano y las velas en la otra
Los antiguos amantes mirándose a hurtadillas
en el paseo del día de ánimas
Observan desde su ventana como se apaga la fe
Como de a poquito se enfría se aquieta
Todo ha cambiado
Los primeros devotos ya son difuntos
Evaristo se corrió 10 metros al sur del memorial inicial
Como antes miraba el mar ahora mira los cerros poblados de casas
Ve pasar las micros y los autos
en una calle que antes era sólo del tren y la pampa
Como el 60 la barraca Merino mandó construir un muro de cemento
ahí mismo donde antes se hacía el culto entre calaminas y cartones
entre los letreros de los Merino PROHIBIDO ENCENDER VELAS
Para no hacer el incendio según decían ellos
Para que no arda un fuego que fue apagando otro al fin
Después de eso ya se notó el cambio
No ardió más la ermita como antaño
Ralearon las romerías de los lunes a los 7 de la tarde
Igual los milagros se cumplieron
Las tías tuvieron sus novios, para todos alcanzó la salud
El enfermo de tifoidea se mejoró para siempre
y estuvo bien venir del sur a buscar nuevos trabajos
Con el paso de los años ya no está el Cabeza de Pichón que le decían
El ruido de su escoba todavía se escucha a veces en la noche
Raspando el suelo, descascarando la esperma que recoge y vuelve a derretir
para vender velas a los peregrinos
Un eco que queda de hace 50 años
Tampoco está el que se paseaba con capote de milico
El guardián del Evaristo
Recorriendo la vereda con un palo de escoba a la espalda
Más de 40 años han pasado
Mis hermanos eran jóvenes entonces
Todavía recuerdan al viejo correteándolos hasta la esquina
Había pasado un tiempo para que se juntara tanta vela derretida
Pero siempre había alguien que limpiara
Las placas se multiplicaban en una plétora infinita de santos de yeso y flores
Son cosas que los niños de hoy no quisieran saber
No es la misma fe de antes
Nos resbalamos no más con las velas derretidas en calle Valdivia

Recuerdos de vecinos 2
“De la noche a la mañana se enterró y después la gente… a prenderle velas, a hacerle culto,
pero ella no se mató”
Habrá venido en barco o en tren del sur
Los García la trajeron del Hogar de Huérfanos de Limache
Era 1937
Con sus 14 años era la empleada doméstica de la familia
A García Agra,
No lo investigaron por la muerte de Elvira
Un día se fue no más la familia Se fueron a otra casa
La niña violada y asesinada
Era un espanto para toda la ciudad
No había pecado en su muerte
El suicidio duró menos que un suspiro en la boca de las gentes
El jardinero y el cabo Cañas fueron presos por el asunto
Sus viejos amigos aún alegan su inocencia

Juanita
Mi cabello flota enredado de algas y choros de orilla
Es mi cabeza calva la que remata el espectáculo de mi muerte
Zozobrar en el mar es diferente a caer hasta el fondo
Me duele a veces la cintura con el riel atado a ella
También hay días en los que me despierto en la pista de baile
adivinando el brillo de las lentejuelas y los aplausos
Ahora que vienes y prendes una vela para mí
Es bueno saber que no me has olvidado