Por: Cristina Díaz Tapia
Fotografías: Ibar Díaz Lucero / Mónica Cataldo Carvajal

Ibar Díaz Lucero, más conocido como “Ibarek”, tenía 13 años cuando inició su camino por la expresión urbana. En ese tiempo era un adolescente hiphopero que se rebelaba frente a la vida dejando sus “tag” (marca personal) por doquier, una forma de manifestación que marcó los primeros pasos de su carrera artística ligada principalmente al graffiti.

Este último, es una forma de expresión artística que a través de dibujos en las calles tiene como objetivo sorprender a los transeúntes por medio de colores, formas y mensajes.

Ya no se trata de simples rayados en las paredes, sino de un trabajo delicado y prolijo que viste y recupera rincones olvidados, con imponentes y coloridos murales que invitan a redescubrir lugares que en el día a día pasan desapercibidos.

TIENDA ONLINE

Con más de 200 trabajos a su haber, “Ibarek” ya no es el jovencito hiphopero y se alzaba contra el mundo empleando como lienzo cualquier muralla. Hoy tiene 37 años, es padre y tiene una familia. Sin embargo, por más que suene como un plan convencional, distintas expresiones artísticas siguen marcando su proyecto de vida y hoy junto a Paula, su compañera, tienen un emprendimiento llamado ArisArte, una tienda online donde confeccionan y comercializan artesanías y piezas de arte personalizadas.


¿Es difícil vivir del arte?

La verdad es que me dedico a varias cosas, pinto murales, hago cuadros comerciales, trabajo en madera, soy artesano y a veces, cuando me lo piden, hago tatuajes. Tengo hartas herramientas para subsistir haciendo lo que me gusta y eso me da mucha tranquilidad.

El arte urbano te ha llevado a conocer distintos lugares, ¿cuáles serían tus obras o trabajos más importantes?

El Faro de Huasco, Región de Atacama, donde trabajamos con tres amigos. También algunos murales que hice en Ecuador en 2018, algo importante porque fue fuera de Chile y varios que hice en Rengo, Región de O’Higgins, durante los años que viví allá. Aunque en realidad, no tengo favoritos, todos son especiales.

¿Y en Tocopilla, cuáles son tus favoritos?

Uno que me gusta está en calle Barros Arana, se llama Espíritu Indígena y fue una colaboración que hice para el Festival Cosmovisión Nortina donde participaron varios artistas del país.

En relación al muralismo, ¿estás trabajando en algo?

Estamos trabajando en una intervención en la Villa Ayquina de Tocopilla, se llama “Pintando Barrios” y es un proyecto autogestionado que estamos haciendo con un grupo de amigos. No tiene recursos, nosotros lo financiamos, cuesta más, pero es más gratificante ver que el trabajo representa a la perfección la esencia de nuestras propias motivaciones y las historias de los vecinos.

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