Por: Edgardo Solís Núñez
Fotografías: Edgardo Solís Núñez

Artista, emprendedora, creadora y tallerista, Nanda Yasoda es una profesional del mosaico y una referente del arte musivo en nuestro país. Durante casi tres horas, compartimos con ella una amena y divertida charla, donde abarcamos diversos temas del mundo de las artes y la cultura antofagastina, de su identidad y la memoria.


¿Cómo definirías tu evolución como artista de la cerámica?
Comenzó como un trabajo íntimo, como un proyecto de fomento productivo orientado a la fabricación de cerámicas, que fue creciendo y desarrollándose de manera integral; pues yo misma fabrico la materia prima, pinto la cerámica, creo la paleta de colores, generando un trabajo único, con su propia personalidad; lo cual ha ido enriqueciéndose con el pasar de los años. Nunca pensé que estaría cerca o que terminaría dedicándome al arte a tiempo completo, hasta que fui consciente del reconocimiento y valoración de las personas como artista. Aprecio esa valoración, pues no creo en las autoproclamaciones. Un artista lo es cuando el público lo reconoce como tal y es su trabajo el que habla y es valorado por el espectador. Antes de admirar al artista, se admira la obra.

El mosaico de Lenka Franulic que decora el Teatro Municipal de Antofagasta, fue tu carta de presentación, ¿qué nos puedes contar de esa experiencia?
El mosaico de Lenka Franulic fue un proyecto ejecutado junto a Gonzalo San Martín e Isabel González. El proyecto fue un verdadero conejillo de indias, porque fue muy difícil lograr un mosaico en 10 días. Fue muy intuitivo, rápido, con espacios de discusión creativa y el resultado fue hermoso, pese a lo acotado del tiempo. Este mosaico fue el primero de una serie que contempla las figuras de Lily Garafulic, Andrés Sabella, Nelly Lemus, Juan Radrigán, Hernán Rivera Letelier y Gabriela Mistral, esta última emplazada en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) en Santiago de Chile. La mayoría de estos trabajos fueron realizados con la dirección artística de Gonzalo San Martín y la colaboración de Jacqueline Granic e Isabel González.


¿Tu inspiración dónde la encuentras?
Hay muchas, pero destaco a Antoni Gaudi, Niki de Saint Phalle, Isaiah Zagar y no podría dejar de lado a Silvia Rivera Cusicanqui, María Galindo, Pedro Lemebel, Nancy Gewölb, entre otros. Pero, entre más leo y estudio los referentes que tienen que ver con la historia latina, más me inspiro.

Me gusta entender el arte como un concepto inserto dentro de un proceso mayor, el cómo estamos unidos como América por el color, el contraste, la saturación, el paisajismo y la observación de la naturaleza. Y sobre la paleta de colores, existen referencias y referentes, pero siempre que horneo sale algo diferente, quizás no era lo que buscaba, pero me maravillo por el resultado. La sorpresa es parte del proceso.

¿Cómo viviste la pandemia?
La pandemia fue terrible por el exceso de trabajo, hubo mucho por hacer, se hizo todo lo que se pudo por apoyar desde el arte, desde mi posición de ceramista, de emprendedora. Tuve más de 200 personas en talleres online, se hizo mucho y me permitió estar activa, en contacto y desarrollando lo que más me gusta: transmitir mis conocimientos y experiencias y aprender del otro. Los talleres fueron un aporte a la salud mental de la población, con alcance internacional.

Me dediqué a estudiar y a desarrollar talleres en conjunto con Dominique Vispo, con quien implementamos una malla de contenidos. De ella he aprendido mucho. Una cosa es hacer mosaico y otra diferente es enseñar a hacer mosaico.

Constantemente te estás reinventando. ¿Eres consciente que tu arte está dejando huella en espacios públicos para el ámbito artístico local y regional?
Es posible, pero la verdad es que me he sentido muy apoyada por los artistas visuales y diferentes gestores artísticos de Antofagasta. Me han permitido crecer, han sido generosos con su experiencia y las oportunidades que me han brindado a lo largo de mi carrera.

¿Cuáles son tus futuros proyectos? ¿Antofagasta será beneficiada con nuevas intervenciones urbanas?
He tomado decisiones en miras de provocar y debo agradecer al público que me ha entregado una libertad muy amplia. Por ejemplo, el mosaico de Gabriela Mistral que actualmente se emplaza en el Centro Cultural GAM de Santiago; lo dirigí sola y busqué ampliar las posibilidades del mosaico cambiando la tipografía e incorporando una base cementicia que se sale del plano. En Antofagasta los murales de rostros están en un mismo plano, en cambio ésta tiene una forma tridimensional y se encuentra dispuesta en altura. Yo espero hacer uno o dos retratos más. Tengo en proceso creativo un mural dedicado al Doctor Antonio Rendic, y estaré trabajando en otro mural de alguna personalidad que aún está por definirse, pero de seguro será una figura femenina.

Es un claro ejemplo de cómo en el Arte Contemporáneo se hace un estudio del contexto y se reflexiona sobre el mismo. De allí que la materialidad utilizada haga referencia al cobre como expresión de la explotación de nuestros recursos naturales, que son limitados y generan un alto impacto en nuestro territorio; historia que no es nueva para nuestra región, si pensamos en el guano, la plata, el salitre y hoy, el cobre.

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