Por: Cristina Díaz Tapia
Fotografías: Patricio Chávez Rossel

Patricio Chávez, mejor conocido como “Pete”, tiene un estilo característico y peculiar, eso se percibe a simple vista. Cabello largo, barba abundante y una vibra neo-hippie, nos permite conocer más de su trabajo y adentrarnos en su personalidad, un mundo interior que parece estar particularmente conectado con todo lo que le rodea y, especialmente, con la Pachamama, su principal fuente de inspiración.

Si hablamos de artistas en Tocopilla, el “Pete” siempre está presente en la conversación y es que su estilo tan característico lo hace fácil de identificar, siendo reconocido por su impronta que se plasma en obras de colores vibrantes, que rescatan el patrimonio histórico y natural al incorporar elementos costumbristas y del folclor latinoamericano, con bases técnicas de impresionismo, abstracción y surrealismo.

Es humilde cuando habla de su carrera y de cómo ésta se ha desarrollado con el tiempo. Sin embargo, pese a que define su formación como autodictada, a la fecha cuenta con distintos cursos de especialización y diplomados en Historia del Arte y Gestión Cultural, títulos que le han valido para fortalecer su currículum y convertirse en artista educador, ya que desde hace un par de años comparte sus conocimientos en las aulas de la Escuela Bernardo O’Higgins de Tocopilla, donde está a cargo del Departamento de Arte.


¿Cómo te iniciaste en el mundo del arte?
De chico siempre me gustó el dibujo y observar las cosas, tuve la suerte que una profesora se dio cuenta de mi potencial y le dijo a mis papás para que me estimularan. Ellos tenían esa conciencia y sabían lo importante de empoderar mis habilidades y facilitarme los accesos al arte.
Cuando creas, ¿en qué te inspiras?
Primero que todo, la naturaleza. Luego, si se trata de artistas, tengo varias fuentes de inspiración como Vincent van Gogh, Goya, Caravaggio, Roberto Matta, por nombrar algunos. Los muralistas mexicanos en especial Siqueiros, el arte rupestre, por su rescate al legado de nuestros antepasados y en los grafiteros, especialmente en los de Tocopilla.
¿Te gusta aportar al arte desde una escuela?
Nunca pensé en hacer clases, no era algo que estaba en mis planes, pero me gusta y estoy sorprendido del talento de los estudiantes, que de no creer en ellos mismos, terminan desarrollando expresiones artísticas que me dejan admirado. Por eso mis clases apuntan a generar confianza y desde ahí descubrir la teoría del color, la luz y la sombra, aprender a observar el entorno y cómo interpretarlo. Desde esta perspectiva, comencé a crear mi propia metodología, la cual considera llevar a los niños a recorrer los distintos murales, observar cómo funciona la recuperación de espacios y cómo los artistas intervienen las murallas, a fin de que éstos vayan conociendo más del entorno que los rodea y formando su propia opinión al respecto.

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