Es inevitable sentir tristeza y dolor en los cementerios pampinos cuando uno se detiene a observar las numerosas tumbas de niños que son parte del paisaje habitual de numerosos camposantos de las exoficinas salitreras de la región.
Pequeños que partieron a temprana edad, angelitos que fueron el sueño de muchos padres que angustiados les dieron una digna sepultura y que buscan no ser olvidados a pesar del paso del tiempo.
Ser niño en la pampa era difícil por las duras condiciones que muchos de ellos vivieron, algunos incluso fueron parte de verdaderas tragedias donde sus vidas se apagaron por causa de terceros. Uno imagina a sus padres acongojados junto a sus familiares y hermanitos envueltos en el dolor de despedir a uno de los suyos.

ENFERMEDADES
En estos campamentos diseminados por el desierto de la región, las pestes y enfermedades arrasaban y muchas familias pampinas han encontrado en estas sepulturas una forma de rendirles devoción ante los problemas reinantes.
Cementerios como el de la exoficina Vergara, el Cementerio de los Apestados, el camposanto de Pampa Unión, de la exoficina Rica Aventura y muchos otros que sembrados en plena pampa son testigos silenciosos de la vida que tuvieron los habitantes de estos ahora excentros calicheros.
Sin dudas, es difícil poder calcular la cantidad de niños sepultados en pleno desierto. En la actualidad, visitar aquellos sitios que son parte importante de la memoria de las familias pampinas es un desafío enorme. El respeto hacia los restos de ellos debe ser una regla básica, pues estos niños representaron el sueño de muchos padres en poder ir perpetuando sus familias y ese legado que hoy buscamos poder no olvidar.